El lúnes, me invitaron mi primo y su mujer al tianguis, supuestamente íbamos a comprar discos, pulseritas, pastel (muy bueno por cierto), y a ver que más había.

Mi primo es alto, moreno claro, viste de negro, le gusta el rock, su cabello sale como fuego debajo de la gorra que disimula su mirada, es serio y le gusta mucho quemar. Su mujer, el alta, delgada, morena, de cuerpo atlético más masculino que femenino, viste de negro también, no usa maquillaje, su cabello está descuidado y también le gusta quemar...mucho.

Llegaron por mi antes de la hora acordada, y me llevaron a un lugar al que nunca antes había ido, era en el monte, olía a hierbas y fresco, el suelo estaba húmedo, pasto, pinos y otros árboles de monte; caminaban frente a mi riéndose y disfrutando la tarde con olor a bosque. Por entre las ramas, llegamos a una guarida donde había un tronco de pino atravesado, muy grande que sirve como banca. No se podía mirar el cielo por tantas rama´s, sólo algunos dest6ellos del sol que atravesaban las hojas, despidiéndose el día.

Sacaron una pipa, no se de qué tipo de madera, pequeña como con un tapón con un huequito en medio. Mi primo sacó la hierba y me la mostró, era verde y se formaban bolitas como de 5 cm de diámetro; me dijo que era puro veneno, de la mejor.

Empezamos a fumar. Ya antes había fumado con ellos también, pero sólo en tres ocasiones mientras tomabamos cerveza en las noches de los viernes de rock. Cuando fumé esas veces, sólo sentía que todo me causaba mucha risa y algo invisible que me jalaba una pestaña de cada ojo, queriéndolos cerrar, y a la vez, algo muy fresco, en los ojos también, que cada que hacía un movimiento con la cabeza, sentía que salían flores de mis ojos.

Esa tarde que empezamos a fumar, no sentí nada diferente en los primeros 6 tanques, pero ya al séptimo u octavo, me sentí ebría, no podía mantener el equilibrio ni escuchar con atención, volteaba hacia un lugar y primero llegaba mi cuerpo que yo. Mis ojos no se podían mantener abiertos...me empecé a asustar, cuando noté que estaba asustada me asusté aún más y les dije: "Me siento mal", ellos se rieron y me dijeron: "así se siente". Traté de controlarme (como cuando si estoy ebria con alcohol) pero no pude, seguía igual y ellos hablaban y hablaban, mi primo centado junto ami en el tronco, platicandome de todo lo que siente y se puede llegar a sentir con la hierva, haciendo un movimiento constante con la cabeza entre sisas y risa. Ella estaba de pie, sosteniéndose de una bara del tronco y meciendo su cuerpo de adelante hacia atrás, callada, con risa en el rostro.

De repente noté que había dicho lo mismo como cuatro veces. "Me siento mal, tengo miedo, cuídenme", y ellos sólo se reían, y les dije: "ya he repetido eso muchas veces" y me dijeron que no, que así se sentía. Luego, noté que me rascaba la cabeza y me sacudía el pantalón una y otra vez con movimientos repetitivos y asustados, y también les dije que ya había hecho eso muchas veces, y me volvieron a decir que no, que así se sentía. Eso me causaba más miedo aún, mi corazón latía muy fuerte, rápido, cómo cuando era pequeña y me asustaba con los mosntruos. Sentía que los monstruos habían vuelto, ´me sentía frágil, que cualquiera me podía hacer daño, sentía que esa persona con miedo era mi verdadero yo, y eso me asustaba más!

Ella me dijo con mucha calma, disfrútalo, nunca se siente lo mismo. Eso me dió mucho miedo. El me decía que me relajara, que al rato se me pasaba eso. También me dió miedo.

Cuando nos fuimos, porque ya era hora de irnos al tianguis, ellos iban caminando sólo un poco delante de mi y yo en medio. Me daban miedo, sentía que querían hacerme daño, no quería estar con ellos, pero ya hnop podía hablar, eran tantas las ideas en mi mente que ya no podía ni terminar de decir una, así que  mejor me callé y no hable. Tomamos un camión, el chofre llevaba música pero no pude distinguir una sóla palabra de la letra. Sentía que todo avanzaba en pedazos, ellos me hablaban pero no comprendía lo que me decían. LLegamos al tiangusi, los tres íbamos muy callados, el que más hablaba era mi primo, cuando se supone que es el más serio. Paseamos por todo el tianguis, y sentía que todos nos observaban, hasta que compré un pastel y me lo devoré y por fin bajé avión!!

Esa fué la última vez que le puse y prometo no volver a ponerle de nuevo mientras no tenga alcohol.

Lo único bueno que puedo encontrarle a esta experiencia es que se me quitó el cólico que traía :)